Canciones que me encanta cantar (Vol.I)

16 09 2011

Inauguraré 2 secciones nuevas en el blog. La primera de ellas, “Canciones que me encanta cantar”. La segunda “Canciones que marcan mi vida”.

Supongo que el titulo es bastante clarito. No hablamos de virtuosismo músical ni de complejidad técnica. Hablamos de feeling y sentimiento, el virtuosismo y los agudos ya los dejamos atras en pos de que hablará el corazón desde dentro.
Comenzaremos con el único artista nacional que merece mis respetos hablando en este terreno, hago hincapie en que no hablo de complejidad ténica ni músical, lo que no quita que sea uno de los más influyentes y con más talento del panorama ibérico. No voy a rendirle tributo en un par de lineas porque se merece un post entero dedicado a su trayectoria y resumirla seria un insulto y un error. No es para menos, teniendo en cuento que junto con Depeche Mode, es uno de los artistas que llevo escuchando desde que estaba en la incubadora.

Disfruto con el Aragones errante, pura poesía, pura interpretación. Disfruto de CADA palabra al cantar esta canción y disfruto del crescendo y la rabia progresiva que va adquiriendo la linea vocal a lo largo que van pasando los compases. Tal vez sea tema de paralelismos que disfruto entonando, que se yo, pero es una de las que no solo se disfruta cantando, sobretodo se disfruta interpretando y gesticulando. Si atendeis tiene un toque muy teatral, perfecta para dejar que las manos tomen el protagonismo y aderezen a esa rabia encolerizada que explota poco a poco.
Sin más, El Aragones Errante

Un terremoto emocional endemoniado,
Un jaguar que les observa desde la espesura de la selva.
Una cinta de seda alrededor de una bomba de relojería a punto de estallar.

Una maniobra de nunca atracar, un perfume de aromas orientales,
Un desayuno con tamales, un accidente previsto en los planes,
Del artista equilibrista, del aragonés errante, a punto de traspiés.

Una lágrima como una perla, que vuelve al mar, sea como sea.
Suplicando por algún tipo de relación digna de llamarse humana,
Que lleve la pena y la quebrada en el bolsillo del corazón.

Una de esas malas compañías, factoría de melancolía,
Que no vienen a ver si pueden, sino porque pueden vienen,
Una indígena alienígena, que solamente bebe justicia poética.

Una contienda contenida y loca,
Un beso en la boca de la botella de flor de caña -gran reserva-,
Sobre una mesa repleta de vasos vacíos y limones exprimidos.

Una sed de ilusiones infinita, donde nacen y mueren las acciones que brillan,
En el tiempo que contempla un mundo hecho a medida,
No sólo del que siembra, sino del que es semilla.

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